Después de las presentaciones este año de los topes de gama de las principales compañías, como son el Sony Xperia Z2, el Samsung Galaxy S5 y el HTC One (M8), una extraña sensación inundó el pensamiento de muchos usuarios. Esto se debía principalmente a las escasas novedades en general, y a la apenas evolución tanto a nivel hardware (el paso del Qualcomm Snapdragon 800 al actual 801 parecía una simple justificación para que pagáramos más por casi lo mismo) como a nivel software, aunque en este último se ha puesto algo más de empeño.